La Madreselva Las raíces de este espacio

La madreselva es una planta trepadora.

Crece enredándose suavemente, siempre en busca de la luz, mientras abraza su entorno.

Resistente y adaptable, con el tiempo florece en los rincones más inesperados, y crea un paisaje de belleza, en su extensión.

La Madreselva

No siempre podemos solas

A veces crecer también es pedir ayuda.
Y dejarse acompañar.

La Madreselva nace de ahí.

De mi historia.
De mi forma de entender el cuidado.
Y de dos de las mujeres más importantes de mi vida.

Selva, mi hermana.

La perdí cuando tenía 22 años, después de atravesar durante mucho años un enorme sufrimiento.

En la Madreselva no solo está su nombre, sino todo lo que viví y aprendí con ella. 

Porque el dolor cambia la forma en la que una mira la vida y a los demás.

Y porque, desde entonces, sé que rara vez podemos ver desde fuera lo que una persona sostiene por dentro.

 

Selva también es mi apellido.
El mío y el de mi madre.

Ella, mi lugar seguro.
Siempre ahí. Siempre despierta. 

El único número que me sé de memoria.
Y el primero al que llamo cuando necesito algo.

Su forma de estar, de escuchar y de sostenerme también está en La Madreselva.

La Madreselva nace inspirada en ellas.

En el deseo de crear un espacio donde puedas venir sin importar como estés.

Sin tener que pensar antes de hablar.
Sin tener que justificar lo qué te duele.
Sin tener que saber gestionar todo lo que te está tocando vivir.

Un espacio para mirar lo que está pasando con cariño y cuidado, entenderlo y empezar a sostenerlo de otra manera.

Porque no hay una maternidad igual, pero todas necesitamos lo mismo.

Libertad, cuidado, sostén. 

Testimonios

Qué opinan las que han estado en tu lugar

Llegué a Marina bastante desbordada. Quería muchísimo a mi bebé, pero yo no estaba bien y me sentía fatal solo por reconocerlo. Desde el principio me sentí muy cómoda hablando con ella, incluso de cosas que me daba vergüenza contar. Poco a poco he ido entendiendo mejor lo que me estaba pasando y siendo menos dura conmigo misma.

Araceli

Terapia Pareja
Empecé la terapia porque estaba viviendo el embarazo con muchísimo miedo. Todo me preocupaba y buscaba constantemente señales de que algo iba mal. Marina me ayudó a entender de dónde venía esa ansiedad y, sobre todo, a tener herramientas para que no ocupara todos mis días. Sigo teniendo momentos de miedo, pero ahora sé manejarlos mucho mejor.

Andrea

Terapia Individual
Después de la pérdida sentía que nadie terminaba de entender por qué seguía tan afectada. En terapia no tuve que justificar mi tristeza ni escuchar que ya lo superaría. Pude hablar de mi bebé y de todo lo que había imaginado. Ha sido un proceso doloroso, pero me he sentido muy acompañada y respetada en todo momento

Laura P.

Terapia Individual
La reproducción asistida se había convertido en el centro de mi vida. Estaba agotada de las pruebas, las esperas y de sentir que todo dependía del siguiente resultado. En terapia sentí que se entendía de verdad lo difícil que estaba siendo, sin quitarle importancia. Me ha ayudado a poner algunos límites y a volver a encontrar espacio para mí dentro de todo el proceso

Laura S.

Terapia Individual
Fuimos a terapia porque desde que nació nuestra hija discutíamos constantemente. Los dos sentíamos que hacíamos más que el otro y ya no sabíamos hablar sin acabar enfadados. Las sesiones nos ayudaron a escucharnos de otra manera y a entender qué había detrás de muchas discusiones. No significa que ahora todo sea perfecto, pero tenemos más herramientas y nos sentimos otra vez en el mismo equipo.

Kugatt

Terapia Individual
Durante meses pensé que tenía que estar agradecida porque mi bebé estaba bien y que no tenía derecho a sentirme mal por el parto. Hablarlo en terapia me ayudó a entender que una cosa no quitaba la otra. He podido ordenar lo que pasó, dejar de culparme y empezar a recordar ese día sin sentir la misma angustia.

Carla

Terapia individual

LA MADRESELVA

Las raíces de mi acompañamiento

Empático

No voy a asumir que sé lo que te pasa solo porque haya escuchado historias parecidas. Primero quiero entender la tuya. Qué has vivido. Qué te pesa. Qué necesitas. Y desde dónde estás intentando sostenerlo todo. Sin etiquetas.

Sin juicio

Aquí puedes decir lo que fuera te estás callando. Lo que te da vergüenza. Lo que te hace sentir mala madre. Lo que no encaja con la imagen que pensabas que ibas a tener de ti. No estoy para juzgarlo. Estoy para ayudarte a mirarlo.

Mirada feminista

No todo lo que te pesa tiene que ver contigo. También pesa una maternidad construida sobre exigencias imposibles: criar con consciencia, ser exitosa en el trabajo, tener la casa impecable, estar disponible para todos, no quejarte y encima sentirte agradecida. Por eso no miro solo qué te pasa. Miro también qué te estás/n pidiendo sostener.

Autocuidado

Cuidarte no es darte un baño y hacerte las uñas cada 15 días. Cuidarte es decir poder decir que no. Pedir ayuda. Dejar de justificarte. Aceptar que no puedes más. Y dejar de vivir como si tus necesidades fueran siempre lo último.

Comunidad

Muchas veces no necesitas que alguien te diga qué hacer. Necesitas poder decir lo que te pasa sin sentirte rara. Escuchar que no eres la única. Y dejar de vivirlo como algo que solo te está pasando a ti.

Consciencia

No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de darte cuenta de desde dónde estás maternando: desde el miedo, la culpa, la herida, la exigencia... para poder elegir vivir la maternidad que deseas

Empoderamiento

No quiero que acabes este proceso dependiendo de mí. Quiero que puedas escucharte mejor, confiar más en tu criterio y dejar de pedir permiso para vivir la maternidad como te de la gana.

Conexión con tu naturaleza

Tu cuerpo no es una máquina. Tiene ritmos, límites, memoria, cansancio, deseo, rechazo, necesidad de descanso y formas propias de adaptarse. Volver a escucharlo también forma parte del proceso.

Reconecta con tu esencia

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Sana tus heridas

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Sostente en tribu

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Impulsa tu transformación

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Respeta tus ritmos

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Honra tu cuerpo

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Esto empieza por no seguir igual

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