Carmen, la otra raíz de La Madreselva

Carmen Abollado

Psicóloga Perinatal · Neuropsicóloga

Mi primer contacto con lo que sería mi vocación

Mi historia con la psicología empezó bastante antes de saber que algún día me dedicaría a ella.

Tenía 14 años y estaba paseando por un mercadillo junto a la playa cuando encontré, casi por casualidad, un libro de psicología. Algo de aquel libro me llamó tanto la atención que terminé llevándomelo a casa.

Todavía lo conservo.

Por aquel entonces no sabía muy bien qué había encontrado ni hasta dónde me llevaría esa curiosidad. Solo recuerdo las ganas de entender un poco mejor por qué las personas sentimos, pensamos y actuamos como lo hacemos.

Años después llegó la carrera y aquella curiosidad empezó a convertirse en profesión.

Con la formación y la experiencia fui descubriendo también qué tipo de psicóloga quería ser. Cada vez me interesaba menos mirar únicamente lo que le ocurre a una persona y más intentar comprender qué hay alrededor de eso que le ocurre: su historia, sus vínculos, las circunstancias que está atravesando y los recursos con los que cuenta.

Esa forma de mirar sigue estando muy presente en mi trabajo hoy

Mi camino hasta la psicología perinatal

Mi recorrido profesional no comenzó directamente en la psicología perinatal.

Durante mis primeros años trabajé en el ámbito de la neuropsicología, acompañando a personas con daño cerebral, alteraciones del neurodesarrollo y trastorno mental grave.

Fue una etapa que marcó profundamente mi manera de trabajar. Me enseñó que detrás de un diagnóstico o de una dificultad siempre hay una persona con una historia mucho más amplia y que comprender lo que está viviendo implica mirar también sus relaciones, su entorno y el momento de vida en el que se encuentra.

Con el tiempo empecé a acercarme cada vez más al estudio del apego, el desarrollo temprano, la familia y la salud mental perinatal.

Y ahí fui encontrando algo que tenía mucho sentido para mí.

En la etapa perinatal se cruzaban muchas de las cuestiones que más me interesaban como psicóloga: los vínculos, la identidad, las relaciones, las expectativas, los cambios vitales y todo aquello que puede remover el deseo de ser madre, el camino hacia la maternidad o la propia experiencia de serlo.

No fue un cambio de rumbo de un día para otro. Fue más bien un camino que fui construyendo poco a poco y en el que sentí que muchas piezas de mi recorrido empezaban a encajar.

Desde entonces he seguido formándome específicamente en salud mental perinatal, apego, crianza, neurociencia y desarrollo temprano.

Tiempo después llegó también mi propia maternidad.

Ser madre no me enseñó cómo viven la maternidad otras mujeres —porque no existe una única manera de atravesarla—, pero sí me permitió acercarme desde otro lugar a algunas de las transformaciones que pueden aparecer en esta etapa.

La identidad puede moverse. Las relaciones cambian. Las expectativas se encuentran con una realidad que no siempre se parece a lo imaginado. Y también puede cambiar profundamente la manera en la que una mujer se mira a sí misma.

Todo ello añadió una capa más a mi forma de comprender y acompañar estos procesos.

Por qué formo parte de La Madreselva

Cuando conocí La Madreselva, me llamó la atención algo que iba más allá de la psicología perinatal: la forma de cuidar todo lo que rodea al proceso terapéutico.

No solo lo que ocurre dentro de una sesión, sino también ese primer contacto, las preguntas que nos hacemos después, la coordinación cuando hace falta o la capacidad de reconocer cuándo otra profesional puede ayudar mejor.

Me sentí muy identificada con esa manera de trabajar: unir el rigor, la formación y la evidencia con algo igual de importante para mí, no perder nunca de vista a la persona que hay detrás de lo que estamos intentando comprender. A la mujer detrás de la ansiedad, a la madre detrás de la culpa, a la pareja detrás del conflicto.

Y hubo otra cosa que terminó de hacerme querer estar aquí: la posibilidad de construirlo en equipo.

La psicología puede ser una profesión bastante solitaria. En La Madreselva encontré un espacio para compartir preguntas, crear, revisar lo que hacemos y seguir mejorando juntas. De alguna manera, hacer también nuestra propia tribu como profesionales y como madres: un espacio para compartir, aprender y crecer juntas.

Me gusta pensar que La Madreselva es un proyecto vivo: algo que seguimos creando, cuidando y haciendo crecer juntas.

Y todo ese trabajo que hacemos entre nosotras tiene un sentido muy concreto: que cuando llegues a consulta no sientas que entras simplemente en una sesión, sino en un espacio pensado y cuidado también detrás de ella.

Porque cuando alguien nos confía una parte importante de su historia, merece encontrar delante a una profesional preparada para acompañarla y, detrás, un equipo que también piensa, aprende y cuida la manera de hacerlo.

 
 
 

"Acompañar no es decirle a alguien cómo debe maternar: es ayudarle a encontrar, en medio de sus propias historias, deseos y contradicciones, una manera posible y propia de hacerlo.¿Cómo? Escuchando amorosamente; explorando aquello que duele; alojando los miedos, las angustias, las fantasías y los deseos; desculpabilizando las crianzas; contextualizando las experiencias;y sosteniendo con ternura, para que cada persona pueda construir su propia manera de cuidar, con autonomía, dignídad y soberanía" .

Natalia Soledad Diaz Juszkiewicz

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